viernes, 16 de junio de 2017

FINAL DE LA GUERRA CONTRA LOS INFIELES SINCOMPÁS - Mini efemerides irreales

Un día como hoy pero de 1912  se da por finalizada la cruenta campaña  contra los infieles sincompás  con la estrepitosa derrota de las fuerzas del Código. Reproducimos aquí la ultima carta de uno de aquellos abnegados cruzados  de la postura, con una foto perteneneciente al archivo privado del amigo Javier Loguzzo



" Querida Evelia, te escribo ahora, cuando no hemos aun librado la batalla contra los infieles SINCOMPAS. Temo que esta sea mi ultima carta hasta que nos veamos, o en general. Desespero de ansiedad por una gran batalla, que acaso no se produzca. Hasta ahora solamente hemos librado escaramuzas sin importancia con tribus menores como LOS SUDOSOS, LOS CRUZA RONDAS y los MALÉVOLOS 70 - así llamados porque se empeñan en hacer 70 pasos en un solo tango - que en su momento creímos importantes victorias y se han desvanecido, como se han desvanecido los pocos prisioneros SINCODIGO a los que el padre GARNACHA intentaba inculcar los beneficios de  la urbanidad  en la ronda. Estamos siendo sometidos a una implacable guerra de guerrilla que socava el animo de la tropa y destruye la moral alta con la que iniciamos esta gran cruzada evangelizadora. Se han producido algunas deserciones notables y aunque avanzamos por el territorio enemigo sufrimos por el hostigamiento de un contrincante invisible y tenaz que amparándose en las sombras mina nuestras fuerzas con sacadas y voleos. Así han caído Giudice, Giraudo, Giro,  Gireti y sobre todo mi amigo Girini, que con el tobillo destrozado me pidió  pusiera fin a su existencia ahogandolo con una bolsa de cuerina. Tal es el terror que ni siquiera nos animamos a ir a evacuar en el campo llano. Dos reclutas fueron literalmente sangucheados con la bragueta baja. Los enterramos junto con un odre despanzurrado de vermut que alguien saboteo, durante la noche anterior, aguando el vino y destrozando los zapatos. Era un espectáculo espantoso ver todos aquellos zapatos a los que los infieles habían escalpado, dejando los cromos en carne viva. Además se llevaron los salamines y el charcuto que habíamos puesto a calentar sobre la fogata en donde deberían haber estado los vigías. Digo deberían, porque nadie los volvió a ver. Era tal el desaliento que arrastrando las tiendas y la lona de circo que nos sirve de ronda y nos da soporte espiritual emprendimos la retirada, en una huida hacia adelante que no tiene fin. Fieles a la manera  y al nombre de nuestro pelotón nos mantenemos girando sobre nuestro eje para que no nos sorprendan  mientras avanzamos.
Pero esto es agotador. Mas teniendo en cuenta que los salvajes cantan con horrible estridencia tangos que carecen completamente de métrica y sentido. Sus voces nos llegan distorsionadas por los cerros, provocando desazón y locura. Intentamos animarnos cantando Tangos de Canaro y  Firpo pero es inútil. Un cabo llamado Girulo, salio corriendo y volvió, con los ojos desorbitados y un taco aguja clavado en medio del vientre. Sinceramente ninguno de nosotros espera salir con vida de esta aventura. La foto que te envío es de un día después a la partida. Cuando aun conservabamos las tiendas. Las hervimos ayer, con agua y cera para aliviar nuestro hambre. Prefiero que me recuerdes así a mandarte una foto de ahora, en donde estoy con los cabellos en revuelo, los zapatos desatados y los tirantes sujetando a modo de torniquete una herida.
Te amo.
Adiós amada mía. Tuyo. Sargento de infantería Sanguchito: Pelotón giro: Ramiro Trompo.


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